viernes, 22 de abril de 2022

UNA NUEVA ETAPA

 
Es el comienzo de una nueva etapa. Algunos errores de precisión o apresuramiento han desencadenado que, de repente, me haya quedado sin Blogger y las entradas de todos mis blogs, que supone no poder hacer entradas ni publicar, y también perder Facebook por no poder probar mi identidad al querer recuperarla de nuevo. Fallos del móvil – mi móvil, algo viejo y estropeado, que no recibe el código para identificarme, pero que, por correo si lo recibo y lo doy. Luego, no entiendo por qué no comprueban y deducen, a pesar de tener aceptado recibirlo por el móvil. De cualquier manera, no quiero justificarme, pero sí rogar un poco de comprensión. A veces las prisas o la super sensibilidad del ratón de un nuevo ordenador te juegan esas pasadas y errores.

Hasta aquí todo bien, pero, confieso que pasé un día terrible. Llegué a desesperarme y a pensar que podía pasarme algo. Se me vino el mundo encima pensar que me iba a quedar sin poder escribir y compartir lo que, dentro de mi corazón, experimento y siento. Me sentí frustrado y desesperado. Empecé a darme cuenta de mi debilidad, de mis ansías de no querer fallar ni de reconocer mis flaquezas y debilidades. Me di cuenta de mis deseos de perfección y, por qué no decirlo, de mis pecados.

De una cosa tan sencilla y que, posiblemente, nadie echaría en falta, yo hice el centro de mi mundo y, sin darme cuenta, posponía a Dios en segundo lugar.  ¿Que suponía esta contrariedad con lo que sucede en Ucrania, en muchos hospitales, en muchas familias y personas que pasan necesidades, sed y hambre? Muchos pueblos subyugados, explotados y cautivos. ¿A dónde estoy mirando? Empecé a darme cuenta de que Dios me estaba mirando y que me estaba señalando paciencia, misericordia y amabilidad. Es decir, ser fiel al amor. O lo que es lo mismo, a Él. Porque, Él es, precisamente eso, Amor.

Y, después de un día aciago y triste, donde me perdí lo más grande, la Eucaristía, me di cuenta de que lo importante es Dios. Un Dios Padre, que me quiere, que me enseña a superarme y a darme cuenta de que, tras la cruz – que puede ser pequeña o grande – está siempre Él. Él que le da sentido, que nos ilumina, que nos anima a superarnos y a esforzarnos en poner los medios para levantarnos y seguir adelante y, por su Gracia y Amor, a amar también nosotros. Y lo hacemos en cada momento que tratamos de ser pacientes, misericordioso y amable manteniéndonos fieles a su Amor. Porque, con Él cambia todo y la vida recobra su esperanza y sentido.

Y, lo novedoso, ¿no será este una nueva etapa donde mi corazón y conversión avance y crezca? ¿No será este accidente una nueva forma de avanzar y de crecer en paciencia, misericordia y amabilidad, fortaleciendo la fidelidad al Señor, Camino, Verdad y Vida? Empiezo a darme cuenta de que el Espíritu Santo ha aprovechado esta ocasión para señalarme otra manera de caminar. En sus manos me pongo. El tiempo y el día a día lo irá descubriendo.

Gracias a todos, y un fuerte abrazo en Xto. Jesús.

DE LA EXPERIENCIA DE ENCUENTRO AL REGRESO AL GRUPO


Todavía no está claro. Los apóstoles y discípulos no están seguros de la resurrección y piensan más en volver a la rutina del trabajo diario que a esperar en que pase algo. Quizás, no llegan a pensar ni en la resurrección. Posiblemente, callada y en silencio, María debía de esperar algo. Ella sabía quién era su Hijo.

Cuando leemos en el Evangelio lo que piensa y dice Simón Pedro: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. Se descubre una actitud de fracaso, de desilusión y de que todo vuelve a lo mismo. Es eso que también pensaron e iban ya de retirada aquellos dos de Emaús. Y, posiblemente a muchos de nosotros nos suceda algo parecido. Nos sentimos abrumados y vencidos por muchas cosas que no llegamos a superar. Necesitamos el aliento, la presencia, la Palabra y el Alimento del Señor para levantarnos y seguir ese camino que Él nos ha trazado y nos señala cada día.

Sí, Jesús sabía lo que pasaba y pasa en cada uno de nosotros. Nuestra fe es débil y está necesitada de más tabores que nos den esperanzas y ánimo. De ahí que Jesús haga presencia para que empiecen a darse cuenta de todo lo que se les había dicho y no se habían enterado. Y, poco a poco, empiezan a darse cuenta y a entender las Escrituras donde estaba lo que iba a suceder escrito. Todo estaba profetizado y todo ha tenido perfecto cumplimiento. Y esa es la Buena Noticia que, ahora, nos toca a nosotros, primero creer, y luego, anunciar. ¿Estamos dispuestos?